Fabián Piñero, un artista de las miniaturas en madera

Este jubilado dedica su tiempo libre a hacer manualidades y tiene en su casa un auténtico museo etnográfico

GENTE CERCANA

Como la mayoría de niños de su generación, Fabián Piñero Bermudo, popularmente conocido por Fabi, comenzó a trabajar en el campo a una edad muy temprana. «A los 12 años ya me tocó ir de regaor a la huerta del tío Francisco Díaz y a maquinar con la mula. Ganaba una peseta al día», afirma. «He trabajado todo lo relacionado con la labor como los carros o los trillos. Me tiraba días y días dando vuelta en las parvas trillando».

Transcurrido el tiempo, ese exhaustivo conocimiento de todos las faenas agrícolas, así como de los rudimentarios aperos y herramientas que por entonces se utilizaban, han cristalizado en unas manualidades elaboradas artesanalmente a partir de un trozo de madera.

Fabi detalla que elabora todas sus creaciones sin apenas utilizar herramientas. «Solamente uso una navaja y una lima y a partir de ahí con mucha paciencia hay que ir probando, probando en la madera hasta conseguir la pieza deseada».

A diario dedica una media de tres o cuatro horas a trabajar la madera. «Los carros son las piezas más trabajosas, ya que para hacer uno te puedes tirar un mes para finalizarlo. Los más difícil de hacer son las ruedas, ya que se requiere mucha paciencia y trabajo para ir dándoles forma».

A la hora de realizar las manualidades su única fuente de inspiración es su propia imaginación. «No utilizo ninguna fotografía, ningún modelo ni ningún objeto a tamaño real, sino que simplemente en mi mente recreo ese objeto y voy dándole forma. No necesito nada más porque esas imágenes las tengo grabadas en mi recuerdo, porque empecé a trabajar en el campo desde chico y eso no se te olvida».

«En una ocasión, una mujer de Barcelona vino a verme porque se había enterado de que yo hacía las manualidades y quería comprármelas sin importarle el precio, pero yo no vendo ningún objeto. Yo voy haciendo cosas para tenerlas aquí y enseñárselas a la gente, pero de vender nada. Para mí la mayor ilusión es ir haciendo estas cosas, poco a poco, para que cuando quiera la gente venir a verlas, aquí están, y a toda la gente le gustan», asegura con satisfacción.

No utiliza ningún tipo de madera concreta. «Aprovecho restos de madera de contenedores, si tienen algún clavo lo quito y, posteriormente, según el grosor que tengan, lo voy utilizando para las distintas piezas que hago ya sean las distintas herramientas, cucharas de madera o tenedores».

Tras modelar la pieza, el último paso es el barnizado. «Si es una mecedora le aplico un barniz más oscuro para que resaltemás y estémás bonito, mientras que en otras piezas utilizo un barniz más claro».

Exposiciones

La colección de piezas elaboradas por Fabi ha sido expuesta tanto en la casa de la cultura como en el Hogar del Pensionista con gran acogida por parte de los visitantes, ya que se trata de útiles y herramientas que, aunque en la actualidad apenas se utilizan, en muchos casos son auténticas piezas de museo con un gran valor etnográfico.

En el siglo pasado, muchas de las herramientas que apreciamos en estas imágenes eran de uso diario y básicas para el desarrollo de la agricultura como principal motor económico y fuente de riqueza de nuestra tierra, pero muchos de ella habrían caído en el olvido de no ser por la dedicación y esfuerzo de personas como Fabi que han sacrificado miles de horas de trabajo con el único fin de dar a conocer y perpetuar un patrimonio cultural que amenazaba con caer en el olvido.

A sus 75 años Fabi sigue en la brecha y, aunque dedica menos horas al trabajo de las manualidades, continúa afanándose en sumar nuevas piezas a su colección para deleite de quienes se acercan a visitarla. En cada trillo, en cada carro, en cada hoz, está reflejada parte de su vida rememorando las vivencias de su infancia con el recuerdo del padre o el abuelo que a lo largo de interminables jornadas labraba la tierra con la única ayuda de una yunta de mulas y un arado o recolectaba el cereal con la única ayuda de una hoz bajo el sol abrasador.