LA CONFABULACIÓN CORTESANA

Grabado de San Lorenzo de El Escorial (Pedro Perret 1587). :: ARCHIVO

El inicio de 1800 fue bastante convulso en todos los sentidos, pues España en 1805 fue derrotada en la batalla de Trafalgar, las tropas francesas (tras el tratado de Fontainebleau) comenzaron a entrar en suelo español para facilitar el ataque a Portugal. Desde el punto vista económico no estaba mejor, es decir, fueron años de crisis, inflación y un fuerte déficit en la Hacienda Estatal producidos tanto por el incremento rápido de los gastos militares en las guerras contra Francia y Gran Bretaña, como por la insuficiencia de los ingresos. Dichos ingresos estatales, mermados por las exenciones fiscales que beneficiaban a los estamentos privilegiados, disminuyeron a su vez al llegar cada vez con más dificultad los metales preciosos desde América a causa de las agresiones británicas por mar.

Desde el punto de vista político, agudas tensiones sacudían España durante los primeros años del siglo XIX, viviéndose un ambiente de caos que revelaba la profunda descomposición de la Monarquía Hispana. En la corte se producían continuas intrigas contra el rey Carlos IV y su hombre de confianza Godoy, conspirando la alta nobleza y el clero que temían perder influencia y posiciones de poder.

El mismo hijo del rey, Fernando (que posteriormente se convirtió en Fernando VII), en complicidad con algunos miembros de la alta aristocracia, conspiraba contra Carlos IV para destronarlo. Así, en 1807 tuvo lugar el llamado Proceso de El Escorial, al ser descubierta una intriga de Fernando, el cual preparaba un golpe en palacio para hacerse con la Corona de su padre. El príncipe de Asturias fue arrestado y confesó, para obtener el perdón de su padre, los nombres de sus cómplices, que fueron hechos prisioneros.

La Corte se encontraba en El Escorial y el Príncipe de Asturias mantenía una actitud sospechosa, que llevó al valido a instar a sus padres al registro de sus habitaciones. Le fueron secuestrados sus papeles y de su examen se dedujo que pretendía dar un golpe contra los Reyes: La pieza fundamental era un cuaderno, donde trazaba con vivos colores la vida de Godoy y le acusaba de graves delitos y expresaba sus anhelos por conseguir el poder.

Buena prueba de esos días volvemos a encontrarla en el Archivo Municipal de Puebla de la Calzada, pues existen dos documentos de la denominada Conjura de El Escorial o proceso de El Escorial.

El primero de ellos es el Real Decreto de 30 de octubre de 1807 en el que podemos leer "...Vivía yo persuadido de esta verdad, cuando una mano desconocida me enseña y descubre el más enorme y el más inaudito plan que se trazaba en mi mismo palacio contra mi persona. La vida mía que tantas veces ha estado en riesgo, era ya una carga para mi sucesor, que preocupado, obcecado y enajenado de todos los principios de cristiandad que le enseñó mi paternal cuidado y amor, había admitido un plan para destronarme...".

Carlos IV comunicó estos sucesos a Napoleón, indicándole que privaría al Príncipe de Asturias de su derecho sucesorio y nombraría heredero a uno de sus hermanos. Aquel mismo día Fernando llamó a su madre para que acudiese a su encierro, a lo que María Luisa de Parma se negó, aunque envió al ministro de Gracia y Justicia. Él deseaba acusar a sus colaboradores para salvarse y manifestar que habían escrito en secreto a Napoleón. La Corte se agitó ante el cariz que esta última noticia daba a los acontecimientos, por que pensaron que Fernando actuaba de acuerdo con el emperador. Los llamados sucesos de El Escorial se cerraron con un plumazo. El nuevo decreto, segundo texto de nuestro archivo, se publicó el día 5 de noviembre y dejaba clara la nueva actitud del rey:
"La voz de la naturaleza desarma el brazo de la venganza; y cuando la inadvertencia reclama la piedad, no puede negarse a ella un padre amoroso".

[...]"Señor, papá mío: he delinquido; he faltado a vuestra majestad como rey y como padre; pero me arrepiento, y ofrezco a vuestra majestad la obediencia más humilde; nada debía hacer sin noticia de vuestra majestad; pero fui sorprendido; he delatado los culpados; y pido a vuestra majestad me perdone, permitiendo besar sus reales pies a su reconocido hijo Fernando".

[...] "Señora, mamá mía: estoy muy arrepentido del grandísimo delito que he cometido contra mis padres y reyes; y así con la mayor humildad le pido a vuestra majestad perdón de él, como también de la terquedad mía en negar la verdad la otra noche; y así de lo íntimo de mi corazón suplico a vuestra majestad se digne de interceder con papá para que permita ir a besar sus reales pies a su reconocido hijo Fernando".

Finalmente Fernando logró su propósito y en marzo de 1808 tras el Motín de Aranjuez, preparado por personales de la alta nobleza y apoyado por gentes del pueblo bajo madrileño que asaltaron la casa de Godoy, Carlos IV se vio forzado a abdicar a favor de Fernando VII.

Sin embargo, alcanzado gozosamente el objetivo de Aranjuez, que sería considerado el definitivo punto de partida de la revolución liberal, muy pronto se interferiría la voluntad de Bonaparte para torcer el que parecía ser el deseo casi unánime de los españoles.