Fermín Luengo, un párroco tradicional pero adaptado a la sociedad actual

Fermín Luengo, nuevo párroco de Puebla, se considera una persona cercana a la que le gusta la cultura y el deporte

Fermín Luengo, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Encarnación.:: ANTONIO GUTIÉRREZ

Fermín Luengo, natural de Villanueva de la Serena, ha sido nombrado por el arzobispo

de Mérida-Badajoz, Don Santiago García Aracil, párroco de Nuestra Señora de la

Encarnación, iglesia de Puebla de la Calzada. Sustituye al que ha sido durante 28 años

sacerdote de la localidad, Antonio Heredía, que pasa a ocupar el puesto de emérito.

El pasado 13 de septiembre ofició su primera misa como nuevo clérigo de la localidad.

La iglesia estuvo a rebosar de devotos que quisieron conocerlo y darle la bienvenida.

Pudieron disfrutar de un grato recibimiento por éste y conocer el carácter jovial del

párroco. «Quiero permanecer en el pueblo durante los próximos 130 años», destacó.

Nada más encontrarnos con él, nos confiesa que nunca antes había estado en Puebla

de la Calzada pero, sin embargo, le resulta el lugar idóneo para desarrollar su carrera

eclesiástica. «Siempre quise tener una localidad en torno a 6.000 habitantes, y que

además se mantengan dos colegios católicos me resulta muy satisfactorio». Además,

confiesa haber sido advertido. «Me han dado buenas referencias. Tengo constancia

de que es un pueblo que culturalmente tiene mucha vida. Me tiene totalmente

sorprendido».

-¿Por qué le nombran para ser el sacerdote de la parroquia de Puebla de la Calzada?

-A mí me dijo el obispo que venía aquí para estar en un sitio intermedio entre Mérida

y Badajoz debido a mi cargo como delegado episcopal de la infancia. Tenemos muchas

reuniones, mover muchas cosas y Puebla podría ser un sitio bastante bueno para hacer

encuentros de chavales. Esa fue la idea principal. El obispo me dijo que venía a un buen

pueblo y que tendría un párroco que me cubriría cuando tuviera que moverme. Además,

don Antonio se iba a jubilar de todos modos ahora en septiembre.

-¿Qué le caracteriza?

Para que a la gente le quedase claro dije en la presentación que me gustan las cosas

modernas y, al mismo tiempo, lo tradicional. La Semana Santa me gusta muchísimo,

pero también la acción social y trabajar con Cáritas, mezclarme con todos los vecinos.

No quedarme solo en las cosas de la iglesia. La iglesia se tiene que abrir y tiene que

estar en el mundo. También me gusta que la gente trabaje en equipo, que la gente

tenga cargos, que las cosas se hablen, se tomen decisiones entre todos, eso también es

importante. Buscar siempre el bien común de todos y entre todos. No poner muchas

normas sino buscar lo que sea lógico y apropiado en cada momento.

-¿El cambio de localidad ha sido duro para usted?

-Al principio da mucha pena pero bueno, estoy muy ilusionado y contento. También

es bueno cambiar y tengo en cuenta que es un pueblo. Llevo 16 años siendo sacerdote

de dos poblaciones pequeñas al mismo tiempo y es un poco locura. Estuve un año

trabajando intensamente como diácono en Villar del Rey y la Roca. Después estuve

seis años en Valencia de las Torres -situado en la comarca de Llerena- y, por último,

diez años en Valdivia y Entrerríos. He sido muy feliz, me he sentido muy realizado

intentando que la parroquia tenga sus responsabilidades, que la gente se haga también

un poquito autónoma y he formado parte de la trayectoria de los pueblos. A pesar de

todo, mi ilusión era estar en una localidad con una población donde hubiera bastantes

habitantes como lo es Puebla porque soy una persona bastante activa y me gusta hacer

muchas cosas.

-¿Lo tiene asignado por mucho tiempo?

-Esto nunca se sabe. Yo dije en la presentación que estaría 130 año (risas).

-¿Le han hablado del anterior sacerdote?

-Sé que es buena persona pero tampoco lo conocía mucho. He hablado varias veces por

teléfono con él para preguntarle qué tal estaba, me alegra saber que va evolucionando

favorablemente. Además, he hablado sobre las cosas que teníamos que tener claras antes

de ocupar el cargo, ha sido todo un poco precipitado.

Los inicios

-¿Qué le llevó a meterse en esta profesión?

-Siempre me ha gustado mucho una frase que dice el fundador:_«La verdadera felicidad

está en hacer felices a los demás». Siempre he tenido ese entusiasmo por ayudar a los

demás. Yo siempre he sido Boy Scout, y entre otras cosas, empecé a ir a un grupo de

misiones. Estuve un verano en una misión en África y allí decidí dar el paso junto con

un sacerdote que me animó bastante, Jesús Sánchez Adalid.

Scouts

-Entre los asistentes el día de la presentación como nuevo párroco, llamaba la atención

un numeroso grupo de jóvenes que no estamos acostumbrados a encontrarnos. Eran los

Boys Scouts de Valdivia.

-Es una asociación que se dedica a educar a los jóvenes a través, sobre todo, de la

naturaleza. Escuela de ciudadanía al aire libre se llama, esa es la frase teórica.

-¿Está vinculada a la iglesia?

-No necesariamente pero, en cierto modo, están vinculados. Los grupos que nosotros

tenemos se llaman de MSC que es Movimiento Scout Católico.

-¿Tiene pensado fomentar en Puebla este tipo de asociación?

-Sí, porque eso va conmigo, va unido a mí. Yo le digo a los niños, tenéis que venir

a catequesis y a misa. Pero a la vez fomento la creación de los Scouts. Los Scouts y

yo vamos unidos (risas). Además, pienso que hoy en día es lo mejor que hay. Para

educar a un chaval que está metido en un mundo tan consumista a través de las nuevas

tecnologías es una forma de que salgan de su entorno y adopten una serie de valores

positivos. Los Scouts salen constantemente de acampada, peregrinaciones, rutas, etc.

Además, me gusta que aprendan a tener mucha responsabilidad. Fomento que desde

pequeños tengan responsabilidades, es muy bueno que sean autónomos. Nadie les

va a dar nada. Por ejemplo, llevarles a la 'Warner' eso ¿qué les enseña? Prefiero que

salgan por ahí y decirles «tú tienes tu turno de limpieza, tu tienes tu cabaña, tu turno

de limpiar los platos, de limpiar los servicios». Nosotros funcionamos así. No llevarles

solo a un campamento y que en el campamento te lo den todo hecho, ahí todo el mundo

trabaja y hace cosas. Enseñarles responsabilidades en todos los sentidos, después tienen

que aprender a trabajar en equipo desde pequeños y a no ser individualistas, que esta

sociedad es muy individualista.

-¿Ha pensado en dedicarse a la docencia?

-No. La docencia me gusta muchísimo pero si te tiras todo el día en un instituto o

un colegio, después no te quedan ganas para hacer cosas en tu comunidad. Después,

cuando vienen los tiempos fuertes de la iglesia como Adviento, Navidades, Cuaresma,

Semana Santa es necesario que pueda dedicarle todo el tiempo posible. Si me dedico

a la docencia estos periodos coinciden con los de evaluación. Prefiero animar a la

juventud a ir a catequesis. En este sentido también considero que es importante hacer

como dice el obispo: la catequesis no puede ser solo pupitre y libro. Debemos hacer otro

tipo de actividades para que los chavales aprendan a compartir y vivir.

Visión actual

-¿Cree que se ha reducido el número de fieles?

-Muchísimo. Hay muchos motivos. La iglesia está envejecida, eso no hay quien lo

dude, aunque la gente sigue viniendo a la iglesia, sigue viniendo a pedir sacramentos.

¿Los motivos? Parte de culpa tiene la iglesia y parte de culpa tiene la sociedad en la

que vivimos, una sociedad demasiado individualista, muy dedicada al ocio, al placer.

Quien quiera practicar la religión y ser practicante tiene un compromiso, hay mucha

gente que lo hace por tradición. La gente de ahora que tiene que tomar una decisión de

ser cristiano y de ser practicante le supone sacrificio y le cuesta acercarse a misa por

ejemplo.

-¿La iglesia debería tener un carácter más aperturista?

Sí. En el mundo en el que vivimos hoy en día la iglesia no puede estar cerrada y

mantenerse en los cimientos de siempre. Por supuesto hay que mantener la tradición,

porque las tradiciones son bonitas y ayudan. Pero también hay que modernizarse,

ofrecer un diálogo más comprensivo, porque muchas veces utilizamos un lenguaje que

no llega a la gente. También soy partidario de dar celebraciones cortas, de una media

hora. Aunque hay celebraciones y celebraciones.

-¿Qué le pareció que el Papa Francisco casara la semana pasada a parejas dejando a un

lado la situación personal de cada uno?

-Me pareció genial. No hay que juzgar a nadie, si una persona viene a bautizar a su hijo,

yo no le pregunto si está casado o si está divorciado. Es que ese no es mi problema. Mi

problema es si quiere ser cristiano. Todos tenemos nuestros defectos. A mi los niños a

veces me preguntan si yo también me confieso y yo les digo que como otro más (risas).